La palabra “gaucho” sirve para expresar a un hombre y su cultura. De acuerdo a lo que ha enseñado la antropología, en el mundo actual no es la raza la que distingue a los grupos humanos, sino su cultura; y la cultura no es herencia genética, sino algo que recibimos, que incorporamos, que se queda en nosotros y que buscamos transmitir a nuestros pares y a las generaciones que nos siguen.

Alguien, alguna vez, definió los rasgos morales y mentales del hombre de la cultura gaucha como: apegado a la tradición y usos, empírico, amador de la libertad, emocional, lejano a todo egoísmo, buen amigo y fiel compañero. Siempre, porque así me lo transmitió, desde muy pequeño, don Salvador -mi querido abuelo-, he tratado de honrar esos valores.

Esos mismos valores los he volcado en mis acciones cotidianas y en los trabajos de artesanía que elaboro y, además, pensando que cada una de las obras es un sueño de libertad que se realiza, una emoción que se vuelca bajo una forma que busca ser bella.

Algunas tardes, cuando monto mi caballo, que se llama Salvador, y salgo a campo abierto, en busca de inspiración, suelo pensar que en ese mismo momento en los cerros de Salta, en las cuchillas entrerrianas, en el Sur de Buenos Aires, en Luján, en los pagos de Areco o cualquier otro lugar del país, hay hombres domando un potro, arreando ganado, trenzando unas guascas, cuidando un campo, dándole de comer a unas gallinas o simplemente rasgando las cuerdas de una guitarra para recordar el amor de su china o el pago añorado, y me digo: todos ellos son mis paisanos, luchan por mantener viva la tradición y no permiten que la cultura criolla caiga en el olvido.

Mis trabajos también tienen ese objetivo y tratan de mostrar lo lindo que es lo nuestro y lo noble que son nuestros oficios.

Espero que disfrute el recorrido de esta página y sepa que para mí es un honor que visite este sitio.

Martín Diago

Fuente: colaboración de Raúl Arloti.